Curso IA

Bloque 1 · Fundamentos

Qué es la IA y qué tipo de inteligencia estamos usando

Antes de aprender a usar la inteligencia artificial, es imprescindible entender qué es realmente y qué no lo es. Gran parte del ruido, la confusión y las expectativas irreales en torno a la IA nacen de una base mal asentada: definiciones imprecisas, comparaciones incorrectas y una tendencia natural a proyectar cualidades humanas sobre sistemas técnicos.

Este primer bloque establece los cimientos conceptuales del curso. Aquí no se entra todavía en cómo se construyen los sistemas de IA ni en cómo se entrenan. El objetivo es más básico y, a la vez, más importante: dotar al alumno de un marco claro para reconocer cuándo estamos ante inteligencia artificial, cuándo hablamos simplemente de software o automatización, y qué tipo de «inteligencia» es realmente la que estamos utilizando hoy.

A lo largo de este bloque se aborda por qué la IA surge como respuesta a los límites del enfoque basado en reglas, qué tipo de problemas intenta resolver y por qué su comportamiento puede resultar tan convincente sin que exista comprensión, intención o pensamiento humano detrás. También se ajustan expectativas desde el inicio: la IA actual es potente y útil, pero es una inteligencia especializada, sin criterio propio ni responsabilidad.

El objetivo final de este bloque es desactivar malentendidos antes de avanzar. Cuando estos fundamentos quedan claros, todo lo que venga después, aprendizaje automático, modelos, interacción, riesgos y límites,  se entiende con mayor precisión y sin falsas atribuciones. Este bloque no busca impresionar: busca dar una base sólida sobre la que construir todo el recorrido del curso.

ALBA te presenta nuestro Curso IA: LA NUEVA INTELIGENCIA
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Qué entendemos hoy por inteligencia artificial

CAPÍTULO 1
Qué entendemos hoy por inteligencia artificial

Resumen del capítulo

Este curso comienza por los fundamentos porque la mayoría de las confusiones en torno a la inteligencia artificial no nacen de su complejidad técnica, sino de una mala definición inicial. Antes de hablar de cómo funciona la IA, de cómo se entrena o de cómo se usa, es imprescindible fijar con precisión qué estamos llamando “inteligencia artificial” y qué no. Sin esa base, todo lo que venga después se apoya en intuiciones vagas o en ideas heredadas del ruido mediático.

En este primer capítulo se establece una definición operativa de inteligencia artificial, pensada para ser válida a lo largo de todo el curso. No es una definición filosófica ni especulativa, sino un criterio práctico para reconocer cuándo estamos ante un sistema de IA. La definición se apoya en tres elementos clave: la realización de tareas cognitivas útiles, la presencia de incertidumbre y la imposibilidad de escribir reglas exhaustivas para todos los casos posibles que el sistema va a encontrar en el mundo real.

A partir de esta definición, el capítulo introduce una distinción fundamental que acompañará todo el recorrido formativo: parecer inteligente no es lo mismo que ser útil. Un sistema puede expresarse con fluidez y fallar, o no “entender” como un humano y aun así rendir de forma consistente. Entender esta diferencia desde el inicio es clave para evitar la proyección de capacidades humanas sobre la IA y para usarla con criterio en los capítulos y bloques posteriores.

Aprendizaje de este capítulo

  • La inteligencia artificial se define por su capacidad funcional, no por su apariencia ni por cómo “suena” al interactuar con ella.
  • La IA aparece cuando el problema incluye incertidumbre real y no es posible anticipar todos los casos mediante reglas explícitas.
  • Realizar tareas cognitivas no implica comprender como un humano; implica producir resultados útiles de forma razonable y repetible.
  • La ausencia de reglas exhaustivas no es un fallo del sistema, sino precisamente el contexto donde la IA tiene sentido.
  • La utilidad de un sistema de IA se mide por su rendimiento consistente, no por la sensación de inteligencia que transmite.

CAPÍTULO 2
IA, automatización y software tradicional

Resumen del capítulo

Después de haber definido qué entendemos hoy por inteligencia artificial, este capítulo aborda una de las confusiones más habituales: asumir que todo lo que funciona de forma automática es IA. En la práctica, muchas de las soluciones que se presentan como inteligencia artificial pertenecen en realidad a capas anteriores de tecnología que siguen siendo muy valiosas, pero que no son lo mismo.

Aquí se establece una distinción clara entre tres niveles distintos. Por un lado, el software tradicional, basado en reglas explícitas escritas por personas: si ocurre X, el sistema hace Y. Es determinista y previsible, porque cada comportamiento está definido de antemano. Sobre ese software se construye la automatización, que no introduce inteligencia nueva, sino que encadena reglas y procesos para ahorrar tiempo, reducir errores y escalar tareas repetitivas. Puede ser muy sofisticada y extremadamente útil sin necesidad de ser IA.

La inteligencia artificial aparece cuando ese enfoque deja de ser viable. Cuando el número de casos posibles crece, cuando hay incertidumbre y cuando no podemos escribir reglas para todas las situaciones futuras, el sistema deja de operar como un flujo cerrado y empieza a comportarse de forma razonable ante lo no previsto. Este capítulo no entra en cómo se consigue ese comportamiento, sino en cómo reconocerlo desde fuera, para no confundir automatización avanzada con inteligencia artificial real.

Aprendizaje de este capítulo

  • No todo lo automático es inteligencia artificial. Un sistema puede ejecutar tareas de forma autónoma y repetible sin incorporar ningún tipo de IA. Automatizar no es un paso inferior ni obsoleto: es una capa distinta con un propósito claro y muy eficaz cuando el problema está bien definido.
  • El software tradicional se basa en reglas explícitas, escritas por personas y pensadas para cubrir todos los casos posibles. Funciona bien cuando el entorno es estable y previsible, pero se vuelve frágil y costoso de mantener cuando aparecen demasiadas excepciones.
  • La automatización encadena reglas y procesos, creando flujos más complejos que ahorran trabajo humano. Aunque puede parecer “inteligente”, sigue dependiendo de caminos previamente definidos y no maneja bien lo inesperado.
  • La inteligencia artificial aparece cuando las reglas no alcanzan. Si no puedes describir el comportamiento del sistema como un árbol completo de decisiones, y aun así responde de forma razonable ante casos nuevos, estás ante algo que ya pertenece al ámbito de la IA.

Distinguir estas capas ajusta expectativas y evita errores de uso. Comprender qué tipo de sistema tienes delante te permite valorarlo mejor, exigirle lo que realmente puede dar y no atribuirle capacidades —ni responsabilidades— que no tiene.

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Capítulo 2 · IA, automatización y software tradicional
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CAPÍTULO 3 Qué problemas intenta resolver la IA

CAPÍTULO 3
Qué problemas intenta resolver la IA

Resumen del capítulo

Después de haber separado con claridad qué es software, qué es automatización y qué es inteligencia artificial, este capítulo da un paso más profundo: explica por qué la IA existe y qué tipo de problemas intenta resolver. La IA no surge por moda ni por marketing, sino como respuesta a límites reales del enfoque basado en reglas.

Hay problemas donde escribir reglas deja de ser viable. No porque falte voluntad o talento técnico, sino porque el número de combinaciones posibles crece más rápido que nuestra capacidad de anticiparlas. Cuando las variables se multiplican, intentar cubrir todos los casos con reglas explícitas se vuelve inmanejable, frágil y extremadamente costoso de mantener.

Además, muchos problemas reales no son binarios ni claros. No tienen una única respuesta correcta, sino que dependen del contexto, del momento y de factores difíciles de fijar por adelantado. A esto se suma un entorno que cambia continuamente: reglas que hoy funcionan bien pueden quedar obsoletas mañana, obligando a una carrera infinita de correcciones y excepciones. En ese punto, el software clásico deja de escalar, y es ahí donde la inteligencia artificial empieza a tener sentido como alternativa.

Aprendizaje de este capítulo

  • La inteligencia artificial aparece cuando las reglas dejan de ser suficientes. No es una mejora estética del software tradicional, sino una respuesta a problemas donde no podemos anticipar ni escribir todas las condiciones posibles de antemano.
  • La complejidad rompe el enfoque basado en reglas. Cuando el número de variables y combinaciones crece de forma explosiva, intentar cubrir todos los casos se vuelve impracticable, incluso con equipos grandes y sistemas muy bien diseñados.
  • La ambigüedad es un límite estructural para las reglas. En muchos problemas reales no existe una única respuesta correcta, sino decisiones que dependen del contexto. Las reglas funcionan mal cuando el resultado adecuado es un “depende” constante.
  • El cambio continuo vuelve frágil el software clásico. En entornos que evolucionan, las reglas se quedan obsoletas rápidamente, generan excepciones sin fin y convierten el mantenimiento en un problema mayor que el desarrollo inicial.
  • La IA no es un capricho tecnológico, sino una forma de abordar problemas donde lo no previsto es inevitable. Entender esto permite usarla con sentido y evitar aplicarla donde las reglas siguen siendo la mejor solución.

CAPÍTULO 4
Por qué la IA no piensa ni comprende

Resumen del capítulo

Uno de los mayores riesgos al usar inteligencia artificial no es que se equivoque, sino confundir su forma de expresarse con comprensión real. El lenguaje fluido, coherente y seguro activa automáticamente un sesgo humano muy potente: tendemos a atribuir mente, intención y entendimiento allí donde solo hay respuesta.

Este capítulo corta esa confusión de raíz separando dos cosas que suelen mezclarse: comportamiento inteligente y comprensión humana. Un sistema puede producir respuestas útiles, acertar con frecuencia y mantener coherencia sin tener experiencia, intención ni conciencia de lo que está diciendo. Puede “hacer bien” una tarea sin saber qué significa para quien la recibe.

La IA actual no tiene mundo interior, ni vivencias, ni propósito propio. No entiende en el sentido humano del término, aunque su comportamiento pueda parecerlo. Comprender esto no reduce su valor; al contrario, permite usarla mejor. El problema no es que la IA no piense como una persona, sino que nosotros proyectemos una persona donde no la hay, y tomemos decisiones equivocadas a partir de esa ilusión.

Aprendizaje de este capítulo

  • Lenguaje fluido no equivale a comprensión. La IA puede expresarse con coherencia, seguridad y corrección sin entender el significado humano de lo que dice ni las consecuencias de sus respuestas.
  • Comportamiento útil y comprensión humana son cosas distintas. Un sistema puede acertar en una tarea concreta sin tener intención, experiencia ni conciencia del contexto en el que actúa.
  • La IA no tiene mundo interior. No posee experiencias personales, objetivos propios ni una identidad que dé sentido a sus respuestas. Todo eso lo aporta el usuario al interpretar lo que recibe.
  • La ilusión de comprensión nace en quien escucha, no en el sistema. Cuando hay lenguaje bien construido, la mente humana tiende a proyectar mente, criterio y entendimiento donde solo hay generación de respuestas.
  • Usar bien la IA exige no humanizarla. Tratarla como una herramienta potente —y no como una mente— evita errores de confianza excesiva y prepara el terreno para entender correctamente qué tipo de inteligencia es la IA actual.
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CAPÍTULO 4 Por qué la IA no piensa ni comprende
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CAPÍTULO 5 Qué tipo de inteligencia es la IA actual

CAPÍTULO 5
Qué tipo de inteligencia es la IA actual

Resumen del capítulo

Después de haber definido qué es la inteligencia artificial, de separarla de la automatización, de entender qué problemas intenta resolver y de aclarar que no piensa ni comprende como un ser humano, este capítulo pone nombre y límites claros a qué tipo de inteligencia es realmente la IA que usamos hoy.

La idea clave es ajustar expectativas. La IA actual puede parecer general porque habla de muchos temas y se mueve con soltura en distintos contextos, pero en realidad no es una inteligencia universal. Es una inteligencia especializada: rinde muy bien en tareas concretas para las que está diseñada, y puede fallar de forma abrupta cuando sale de ese marco. Esa combinación —excelencia local y fragilidad fuera de contexto— es una de sus características más importantes.

Este capítulo deja claro que la IA actual puede mostrar una competencia muy alta sin comprensión humana, sin objetivos propios y sin criterio moral. Puede ayudar a analizar, comparar y sugerir, pero no puede ser responsable de una decisión, porque no entiende el mundo como un todo ni asume consecuencias. Con esto se cierra el Bloque 1: ya no hablamos de qué parece la IA, sino de qué es realmente, con sus capacidades y sus límites bien definidos.

Aprendizaje de este capítulo

  • La IA actual es una inteligencia estrecha, no general. Está diseñada para rendir muy bien en tareas concretas, pero no para moverse con solvencia en cualquier situación como lo haría una persona.
  • Excelencia local no implica robustez global. Puede ofrecer resultados muy buenos dentro de su contexto y, al mismo tiempo, cometer errores llamativos cuando se le pide algo fuera de ese marco.
  • Competencia no equivale a comprensión. La IA puede rendir a alto nivel sin entender el significado humano de lo que hace ni el impacto real de sus respuestas, reforzando lo visto en el capítulo anterior.
  • No tiene objetivos propios ni criterio moral. No decide qué es importante, qué es justo o qué es aceptable; esas decisiones siempre recaen en quien la utiliza.
  • Puede apoyar decisiones, pero no asumir responsabilidad. La responsabilidad última es siempre humana, incluso cuando la IA parece muy convincente o segura en su respuesta.

¿Listo para el siguiente paso?

El conocimiento se construye capa por capa.
Continúa tu recorrido por los siguientes bloques, donde profundizarás en cómo funciona la IA, aprenderás a comunicarte con ella y desarrollarás criterio para un uso responsable.

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